4 de diciembre de 2006

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LA GLOBALIZACIÓN DEL MACARTISMO



(La República, 07 de octubre de 2006. p.17)



Por Alberto Adrianzén M.



“El régimen de Bush está intentando rehacer la sociedad (…) de una manera fascista, y para las próximas generaciones. Tenemos que actuar ahora; el futuro está en juego”. Estas palabras que bien pueden ser parte de un manifiesto de grupos radicales de la región, es un fragmento de una declaración leída por la conocida actriz norteamericana de cine y teatro Olimpia Dukakis en un acto público y a la que se han sumado cientos de artistas, religiosos, abogados, líderes comunitarios y activistas de derechos humanos. Los firmantes acusan al gobierno de Bush de engaños, guerras ilegales, torturas, detenciones arbitrarias, la supresión de la ciencia bajo la religión; y de negar los derechos básicos no solo a los norteamericanos sino también y principalmente a la humanidad.



La declaración que está destinada a generar movilizaciones en ese país, contiene frases inusuales tales como que EEUU ha un dado paso hacia la “tiranía” y que es urgente “rescatar” la democracia. La iniciativa que lleva un título también sorprendente: “El mundo no puede esperar; fuera el régimen de Bush”, está firmada por Gore Vidal, Sean Penn, Susan Sarandon, Harold Pinter y el reverendo Jesse Jackson, entre otros.



El cuatro de octubre, hace apenas unos días, el Senado de los EEUU aprobó, la víspera lo hizo la Cámara de Representantes, una nueva legislación que legaliza la tortura y que liquida cualquier derecho a los sospechosos de terrorismo. De ahora en adelante, como señala La Jornada de México, “será legal la detención de una persona por tiempo indefinido y sin presentación de cargos, será legal el uso de pruebas obtenidas mediante la coerción (recuérdese la Inquisición hace unos siglos) y serán legales prácticas de interrogatorio como la privación del sueño por periodos prolongados o exponer a los interrogados a bajas temperaturas. Para aprobar semejantes atrocidades, los legisladores del país vecino recurrieron a una argucia simple: manifestar que tales tormentos no se llaman tortura”.



Como ha dicho Bill Goodman, director legal del Centro de Derechos Constitucionales, “Bush y compañía están determinados a destruir nuestra Constitución y Carta de Derechos”, ya que no solo “autorizaron la tortura”, sino que anularon el hábeas corpus (garantía contra la detención arbitraria) para extranjeros designados como “combatientes enemigos ilegales”, y sin ello (se refiere al hábeas corpus), somos virtualmente esclavos en un Estado policiaco”.



Para muchos esta nueva legislación, conocida como la “Ley sobre Comisiones Militares 2006”, es “una recaída en la barbarie comparable a las disposiciones de segregación adoptadas en la Alemania nazi y en la Sudáfrica racista, y se traduce en un estado de indefensión jurídica para cualquier habitante de este planeta que tenga la desgracia de ser considerado sospechoso de terrorismo o potencial combatiente enemigo de cualquier oficial del gobierno estadounidense”.



Todo esto es aún más escandaloso si se toma en cuenta tanto el rechazo del gobierno de EEUU a la Corte Penal Internacional, como su negativa a que sus soldados sean juzgados por leyes de otros países cuando violen los DDHH. A ello hay que sumar las “cárceles clandestinas” en diversos países y el tráfico internacional ilegal de detenidos. Como dice Goodman, todo se parece a los tiempos del macartismo, y como en ese entonces, “la tiranía florece frente a tres cosas: el silencio, los secretos y el temor”. Sin embargo, lo diferente y más grave es que estamos frente a un macartismo globalizado, que no respeta fronteras, a diferencia de los años 50.



Pero hay más. Hace unos días, como han informado diversas agencias, Jesús Díaz, presidente y editor de The Miami Herald y el Nuevo Herald renunció a su cargo porque tres reporteros que habían sido despedidos hace unas semanas por recibir pagos del gobierno norteamericano por participar en programas de propaganda anticastrista, fueron restituidos en su trabajo en contra de su voluntad. Uno de ellos, recibió 175 mil dólares del gobierno norteamericano en los pasados cinco años “por participar en la Radio y TV Martí”, medios financiados por el gobierno americano contra Cuba. Para Díaz, el comportamiento de estos reporteros “fue un incumplimiento de reconocidos principios éticos”. Su renuncia forzada, “legaliza” en la práctica, el “mercenariado” mediático. Es el nuevo ejército, al igual que en los años 50, de soplones y acusadores a escala internacional.



Todos estos hechos, a los cuales se suma la reciente aprobación de fondos para construir el famoso Muro en la frontera mexicana –una verdadera grosería racista– son signos evidentes de una involución democrática en ese país, pero también de una profunda crisis moral y política que encuentra en el “terrorismo internacional” (que por lo demás existe) una justificación para ocultar esta situación. Los negocios dominan hoy la política en ese país.



Las recientes masacres en tres colegios y que han terminado en el asesinato de niñas y niños por pedófilos y desquiciados. El escándalo protagonizado por el ex representante republicano de Florida y defensor de una moral fundamentalista, Mark Foley, al ser acusado de pedofilia. Los casos de corrupción de empresas ligadas a la administración Bush, principalmente al vicepresidente Cheney y secretario de Defensa Rumsfeld, son la otra cara de este proceso de involución democrática. El gobierno norteamericano es más una junta de accionistas de grandes empresas, que un gobierno del pueblo y para el pueblo.



Cuando George Orwell escribió su famosa novela 1984, estaba pensando en la otrora Unión Soviética. Hoy estamos obligados a pensar en los EEUU. Más aún cuando George Bush se acaba de preguntar a propósito de las denuncias sobre legalizar la tortura: “¿Qué quiere decir eso de atentados contra la dignidad

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