Sttugart. La Audiencia Territorial de Stuttgart anunció este lunes la puesta en libertad de la alemana Brigitte Mohnhaupt, quien durante años fue una de las cabecillas del grupo alemán de extrema izquierda Fracción del Ejército Rojo (RAF) y que cumple cadena perpetua desde hace 24 años.
Mohnhaupt, de 57 años, saldrá el próximo 27 de marzo del centro penitenciario de la localidad bávara de Aichach y durante cinco años quedará bajo libertad condicional, anunció en rueda de prensa la portavoz del mismo tribunal en la ciudad de Stuttgart, en el sur de Alemania.
El tribunal de Stuttgart consideró que después de 24 años de prisión, la sentencia de cadena perpetua puede ser conmutada sin riesgos por la de libertad condicional "sin poner en peligro la seguridad del público en general".
Además de ello, no se considera que en el caso de Mohnhaupt exista "peligro de reincidencia". Según informaciones, la ex terrorista negó rotundamente y "de forma creíble" la posibilidad de volver a utilizar la violencia con fines políticos, aunque no pronunció una palabra de disculpa frente a los familiares de las víctimas de sus atentados terroristas.
Precisamente porque en las más de dos décadas que Brigitte Mohnhaupt permaneció en el centro penitenciario alemán nunca expresó verbalmente su arrepentimiento, su puesta en libertad encendió un fuerte debate en Alemania.
Brigitte Mohnhaupt participó activamente desde 1977 hasta su detención en 1982 en actos terroristas de la banda alemana RAF y fue miembro de su cúpula directiva.
La alemana fue condenada a cinco veces cadena perpetua por el secuestro y asesinato del presidente de la patronal alemana Hanns- Martin Schleyer, así como por los asesinatos del fiscal general Siegfried Buback y del presidente del banco alemán Dresdner Bank Jürgen Ponto.
Mohnhaupt, de 57 años, saldrá el próximo 27 de marzo del centro penitenciario de la localidad bávara de Aichach y durante cinco años quedará bajo libertad condicional, anunció en rueda de prensa la portavoz del mismo tribunal en la ciudad de Stuttgart, en el sur de Alemania.
El tribunal de Stuttgart consideró que después de 24 años de prisión, la sentencia de cadena perpetua puede ser conmutada sin riesgos por la de libertad condicional "sin poner en peligro la seguridad del público en general".
Además de ello, no se considera que en el caso de Mohnhaupt exista "peligro de reincidencia". Según informaciones, la ex terrorista negó rotundamente y "de forma creíble" la posibilidad de volver a utilizar la violencia con fines políticos, aunque no pronunció una palabra de disculpa frente a los familiares de las víctimas de sus atentados terroristas.
Precisamente porque en las más de dos décadas que Brigitte Mohnhaupt permaneció en el centro penitenciario alemán nunca expresó verbalmente su arrepentimiento, su puesta en libertad encendió un fuerte debate en Alemania.
Brigitte Mohnhaupt participó activamente desde 1977 hasta su detención en 1982 en actos terroristas de la banda alemana RAF y fue miembro de su cúpula directiva.
La alemana fue condenada a cinco veces cadena perpetua por el secuestro y asesinato del presidente de la patronal alemana Hanns- Martin Schleyer, así como por los asesinatos del fiscal general Siegfried Buback y del presidente del banco alemán Dresdner Bank Jürgen Ponto.
En las cárceles alemanas hay todavía otros miembros del autodisuelto grupo Fracción del Ejército Rojo. Entre ellos figuran Christian Klar, Eva Haule y Birgit Hogefeld. Klar solicitó en varias ocasiones el indulto y el presidente alemán, Horst Köhler, está estudiando si cumple los requisitos para lograrlo.
Berlín- Justo tres décadas después de que conmocionara a la República Federal Alemana con su escalada de terror, y a pesar de no haber dado muestras concretas de arrepentimiento, Brigitte Mohnhaupt, líder de la Fracción del Ejército Rojo (RAF), abandonará su celda del centro penitenciario de Aichach, en Baviera. La que fuera cabeza visible del terrorismo de extrema izquierda germano saldrá en libertad condicional el próximo 27 de marzo, a tenor de la revisión que la Audiencia Territorial de Stuttgart hizo pública ayer de su condena a cinco cadenas perpetuas.
Mohnhaupt, de 57 años, ha pasado los últimos 24 entre rejas por su participación en nueve homicidios y su demostrada prominencia en el escalafón de la RAF entre 1977 y 1982, el periodo más virulento de la banda criminal. Ya el año pasado, se estudió la propuesta de ponerla en libertad, aunque entonces fue rechazada. «Esto no es un perdón, sino una decisión basada en consideraciones legales», explicaba ayer Josefine Koeblitz, portavoz del Tribunal, «siempre teniendo en cuenta la seguridad pública».
La decisión ahondó las diferencias que vienen manteniendo los diferentes partidos políticos desde que trascendió la posible liberación de Mohnhaupt, a comienzos del mes pasado. Por un lado, los liberales del FDP, los socialdemócratas del SDP y los Verdes, satisfechos con la resolución del caso, recordaban que la terrorista había pasado entre rejas más tiempo que la mayor parte de los dirigentes nazis condenados tras la Segunda Guerra Mundial. Incluso, una portavoz de «La izquierda» (heredero del partido comunista germano-oriental) exigió el mismo trato para los otros tres terroristas que aún cumplen condena: Christian Klar, de 54 años, compañero de Mohnhaupt y que espera una medida de gracia similar por parte del jefe del Estado, Horst Köhler; Eva Sybille Haule, de 52; y Birgit Hogefeld, de 50.
Por otro lado, la Unión Cristiano Demócrata de la canciller Angela Merkel y los familiares de algunas de las víctimas de Mohnhaupt afirmaron aceptar el dictamen con disgusto. Konrad Freiberg, máximo responsable del sindicato de la Policía alemana -cuerpo que perdió a diez integrantes asesinados por la RAF- afirmó: «Nunca olvidaremos esos crímenes. Ahora nos queda un cierto poso de amargura».
Sin repentimiento
En Alemania, una sentencia del Supremo garantiza la posibilidad de una vida en libertad, incluso para los condenados a cadena perpetua. En el caso de Mohnhaupt, los expertos entienden que no se dan evidencias de una posible vuelta a las armas, tras casi un cuarto de siglo en presidio, a pesar de que ella no haya solicitado el perdón y tan sólo se limitase a reconocer, en abstracto, «el daño que pudo causar».
Los orígenes de la RAF (o Banda Baader-Meinhof) se encuentran en los movimientos de protesta estudiantil de finales de los 60, inicialmente pacíficos y que en 1970 terminaron cuajando en un grupo terrorista. Tras 28 años de existencia, se atribuyen a sus miembros al menos 34 homicidios, especialmente contra soldados del Ejército americano en Alemania, banqueros y políticos. Su intención era provocar una crisis aguda en la joven democracia de la RFA.
Según sus planes, ello despertaría a la clase obrera a revolverse contra el sistema. Los detractores, sin embargo, catalogaban a la banda como una pandilla de asesinos nihilistas sin una causa y sin objetivos políticos concretos.
En el momento de auge de la banda, cerca de un cuarto de los jóvenes de Alemania Occidental expresaron algún tipo de simpatía por la organización. Muchos condenaban sus tácticas, pero entendían su oposición al orden establecido, sobre todo a la preeminencia de que disfrutaban algunos antiguos nazis. De hecho, en la naciente organización también estuvo fuertemente involucrado el abogado socialista Horst Mahler, hoy figura clave del movimiento neonazi alemán.
Ayer, el sistema al que se enfrentó durante décadas se compadecía de la inmisericorde Brigitte Mohnhaupt.
Mohnhaupt, de 57 años, ha pasado los últimos 24 entre rejas por su participación en nueve homicidios y su demostrada prominencia en el escalafón de la RAF entre 1977 y 1982, el periodo más virulento de la banda criminal. Ya el año pasado, se estudió la propuesta de ponerla en libertad, aunque entonces fue rechazada. «Esto no es un perdón, sino una decisión basada en consideraciones legales», explicaba ayer Josefine Koeblitz, portavoz del Tribunal, «siempre teniendo en cuenta la seguridad pública».
La decisión ahondó las diferencias que vienen manteniendo los diferentes partidos políticos desde que trascendió la posible liberación de Mohnhaupt, a comienzos del mes pasado. Por un lado, los liberales del FDP, los socialdemócratas del SDP y los Verdes, satisfechos con la resolución del caso, recordaban que la terrorista había pasado entre rejas más tiempo que la mayor parte de los dirigentes nazis condenados tras la Segunda Guerra Mundial. Incluso, una portavoz de «La izquierda» (heredero del partido comunista germano-oriental) exigió el mismo trato para los otros tres terroristas que aún cumplen condena: Christian Klar, de 54 años, compañero de Mohnhaupt y que espera una medida de gracia similar por parte del jefe del Estado, Horst Köhler; Eva Sybille Haule, de 52; y Birgit Hogefeld, de 50.
Por otro lado, la Unión Cristiano Demócrata de la canciller Angela Merkel y los familiares de algunas de las víctimas de Mohnhaupt afirmaron aceptar el dictamen con disgusto. Konrad Freiberg, máximo responsable del sindicato de la Policía alemana -cuerpo que perdió a diez integrantes asesinados por la RAF- afirmó: «Nunca olvidaremos esos crímenes. Ahora nos queda un cierto poso de amargura».
Sin repentimiento
En Alemania, una sentencia del Supremo garantiza la posibilidad de una vida en libertad, incluso para los condenados a cadena perpetua. En el caso de Mohnhaupt, los expertos entienden que no se dan evidencias de una posible vuelta a las armas, tras casi un cuarto de siglo en presidio, a pesar de que ella no haya solicitado el perdón y tan sólo se limitase a reconocer, en abstracto, «el daño que pudo causar».
Los orígenes de la RAF (o Banda Baader-Meinhof) se encuentran en los movimientos de protesta estudiantil de finales de los 60, inicialmente pacíficos y que en 1970 terminaron cuajando en un grupo terrorista. Tras 28 años de existencia, se atribuyen a sus miembros al menos 34 homicidios, especialmente contra soldados del Ejército americano en Alemania, banqueros y políticos. Su intención era provocar una crisis aguda en la joven democracia de la RFA.Según sus planes, ello despertaría a la clase obrera a revolverse contra el sistema. Los detractores, sin embargo, catalogaban a la banda como una pandilla de asesinos nihilistas sin una causa y sin objetivos políticos concretos.
En el momento de auge de la banda, cerca de un cuarto de los jóvenes de Alemania Occidental expresaron algún tipo de simpatía por la organización. Muchos condenaban sus tácticas, pero entendían su oposición al orden establecido, sobre todo a la preeminencia de que disfrutaban algunos antiguos nazis. De hecho, en la naciente organización también estuvo fuertemente involucrado el abogado socialista Horst Mahler, hoy figura clave del movimiento neonazi alemán.
Ayer, el sistema al que se enfrentó durante décadas se compadecía de la inmisericorde Brigitte Mohnhaupt.

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